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Las frases que sostienen la culpa.

¿Cómo descansar cuando se han asumido tantas ideas erróneas y nadie ha enseñado a despojarse de ellas? ¿Cuánto pesan en la cabeza y en la vida esas frases que se repiten como un mantra? Frases que parecen inofensivas, pero que, poco a poco, se convierten en piedras dentro de una mochila que no deja de llenarse.

 

Identificarlas es clave. Reconocerse en ellas permite empezar a soltar parte de ese peso.

 

En los talleres de “Raíces que sanan”, muchas mujeres reconocieron estas frases como parte de su día a día. Expresiones que se repiten casi sin pensar, pero que pesan. Porque no solo describen la realidad, también la mantienen.

 

“Es lo normal, siempre ha sido así en mi familia.”
“Si no lo hago yo, no lo hace nadie.”
“No tengo derecho a quejarme, hay gente que está peor.”
“Primero están los demás, luego si eso, yo.”

 

 

 

Detrás de cada una de ellas hay un mecanismo que refuerza la carga: la normalización, la autoexigencia, la invalidación emocional o la postergación constante de una misma.

También aparecieron otras frases que hablan de culpa y resignación:


“No merece la pena pedir ayuda.”
“¿Cómo me voy a ir si me necesitan?”
“Me siento mala madre si me dedico tiempo.”
“A mi edad, esto es lo que me toca.”

Incluso ideas que disfrazan la desigualdad:


“Mi marido me ayuda mucho, aunque haya que pedírselo”
“Bastante tienen ellos con lo suyo”, como si el cuidado no fuera también responsabilidad compartida.

Y otras más profundas, que reflejan el impacto emocional de todo esto:


“No me puedo poner mala.”
“No sé qué decir cuando me preguntan cómo estoy.”

 

 

 

Estas frases no solo describen una forma de pensar, sino una forma de vivir. Son pequeñas creencias que, repetidas durante años, terminan construyendo una identidad ligada al cuidado, donde descansar genera culpa.

 

 

Durante los talleres, una herramienta simbólica acompañó este proceso: La Maleta Viajera. En ella, las mujeres fueron depositando aquello que ya no querían seguir cargando, pero también lo que iban descubriendo sobre sí mismas. Esa maleta, que ha recorrido distintos municipios y provincias de Andalucía, ha servido para conectar historias y reconocer experiencias comunes.

 

Porque, aunque no se conozcan, muchas mujeres comparten lo mismo. Y en ese reconocimiento aparece algo fundamental: la sororidad.

 

Identificar estas frases es el primer paso para cuestionarlas. Para empezar a soltar peso. Para permitirse, poco a poco, otra forma de estar.

 

Porque descansar no es abandonar.
También es sostenerse, y sostenernos.