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Poner límites también es cuidarse.

Hay frases pequeñas que cuestan muchísimo decir.


“Ahora no puedo”.
“Necesito un rato para mí”.
“Esto no puedo hacerlo sola”.

 

En los talleres de “Raíces que sanan”, muchas mujeres pusieron palabras a una dificultad compartida: la de poner límites sin sentirse culpables después. Porque durante años han aprendido que cuidar significa estar siempre disponibles, que decir “no” es egoísta y que sus propias necesidades deben quedar en último lugar.

 

Pero cuando intentan parar, aparece la culpa.

 

Una participante lo expresó con claridad: “Muchas veces pienso que soy mala madre porque no he estado con mis hijos. Pienso que si han caído en la adicción ha sido por no estar con ellos porque he tenido que trabajar”. Sus palabras reflejan una carga emocional profunda, donde el cuidado se mezcla con la autoexigencia y el sentimiento de responsabilidad constante.

 

En una de las dinámicas se trabajaron las llamadas “frases escudo”. Frases sencillas, pero muy importantes, que sirven para proteger el tiempo, el descanso y la salud emocional. Al principio, decirlas en voz alta no fue fácil. Algunas mujeres se reían nerviosas, otras evitaban mirar al grupo. Poner límites cuesta cuando una está acostumbrada a sostenerlo todo.

 

 

Aun así, empezaron a aparecer frases escritas en tarjetas: “Hoy me toca descansar”, “Tengo derecho a descansar”. Y al leerlas, la emoción era evidente. No porque fueran frases tristes, sino porque muchas veces hace falta permiso incluso para algo tan básico como parar.

 

A través del role playing, las participantes comprobaron que poner límites no es levantar muros, sino empezar a cuidarse. Decir “ahora no puedo” o “esto no puedo hacerlo sola” es un acto de valentía. Al principio, la voz tiembla y la culpa aparece, como una sombra. Pero, al compartirlo con otras mujeres, ese miedo a decepcionar se hace más pequeño. Porque no es algo individual. Es una experiencia común. 

En el taller surgió una idea clave: poner límites no es dejar de querer. Tampoco es ser egoísta. Es entender que nosotras también necesitamos tiempo, silencio, descanso y apoyo.

 

 

 

 

A veces creemos que cuidarnos es un lujo, pero no lo es. Es una necesidad. Nadie puede sostenerlo todo sin parar nunca. Aprender a poner límites no significa alejarnos de los demás. Significa empezar a acercarnos un poco más a nosotras mismas.